Meter a una empresa externa en un centro educativo no es contratar un servicio cualquiera. Esa gente va a estar sola en una sala con menores, cada semana, durante meses. Y sin embargo la mayoría de contrataciones se cierran mirando el precio y poco más.

Esta es la lista de preguntas que conviene hacer antes de firmar. Sirve para nosotros y sirve para cualquier otro proveedor: si alguna respuesta se pone vaga, ya sabes por dónde tirar.

1. ¿Quién va a entrar exactamente en el aula?

No la empresa: la persona. Pregunta por nombre, formación y experiencia con esa franja de edad. No es lo mismo alguien que lleva años con infantil que alguien que ha trabajado solo con adultos.

Y pregunta si va a ser siempre la misma persona. La rotación de monitores es el problema número uno de las extraescolares: los críos crean vínculo y a mitad de curso aparece otra cara.

2. ¿Tienen el certificado de delitos de naturaleza sexual?

En España, cualquier profesional que trabaje habitualmente con menores debe acreditar que no consta en el Registro Central de Delincuentes Sexuales. No es una recomendación: es un requisito legal.

Pídelo de cada persona que vaya a entrar, no de la empresa en abstracto, y pídelo actualizado. Una empresa seria lo tiene preparado y te lo manda sin que insistas. Si te dan largas, esa es toda la información que necesitas.

Consulta con la asesoría jurídica de tu centro cómo debéis archivar y verificar esta documentación, que ahí cada centro tiene su procedimiento.

3. ¿Qué seguro tienen?

Seguro de responsabilidad civil, y que te digan la cobertura. Si un niño se hace daño en una actividad de movimiento —y en teatro se mueven—, tiene que estar claro de antemano quién responde.

Pide el certificado en vigor, no la promesa de que lo tienen.

4. ¿Qué pasa si falta el profesor?

Se pone enfermo, tiene un bolo, se le cruza algo. Pregunta el protocolo: ¿mandan sustituto?, ¿recuperan la sesión?, ¿avisan con cuánto tiempo?, ¿la sesión perdida se descuenta?

Es la pregunta que menos se hace y la que más disgustos da a mitad de curso.

5. ¿Cuántos alumnos por grupo aceptan?

Desconfía de quien te diga que le da igual. En actividades de movimiento y expresión, un grupo de treinta significa que la mitad se pasa la hora sentada mirando. Un proveedor que sabe lo que hace te va a poner un tope, o te va a proponer desdoblar o meter a dos personas en la sala.

Que te digan que sí a todo no es flexibilidad: es que no lo han pensado.

6. ¿Quién factura, a quién y cada cuánto?

Aclara si facturan al centro o cobran directamente a las familias. Si es lo segundo, pregunta quién persigue los impagos, porque lo normal es que acabe haciéndolo la secretaría del centro.

Y pregunta si el precio está cerrado para todo el periodo o puede revisarse.

7. ¿Hay permanencia?

Lo razonable es poder probar un trimestre y decidir después. Si te piden el curso entero de entrada, pregunta por qué. A veces hay motivos legítimos —montar un grupo cuesta— pero conviene que te los expliquen.

8. ¿Puedo hablar con otro centro donde ya estéis?

La mejor pregunta de la lista, y la que más incomoda a quien no tiene con qué responder. No hace falta una lista larga: con un teléfono al que llamar basta.

Si la empresa es nueva y aún no tiene referencias, tampoco es descalificante: que te lo digan claro es mejor señal que inventarse una cartera de clientes.

9. ¿Qué necesitan del centro?

Espacio, material, equipo de sonido, tiempo de montaje. Que te lo detallen por escrito antes, no el primer día. Nadie quiere descubrir en octubre que hacía falta un proyector.

Cómo usar esta lista

Mándala tal cual por correo y pide las respuestas por escrito. Es un filtro rapidísimo: quien tiene las cosas en orden contesta en un día, y quien no, se pierde en explicaciones.

Y sí: puedes hacernos exactamente estas mismas preguntas a nosotros.

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